| Referencia Singular |
La discusión respecto de términos singulares dentro del lenguaje natural tiene, a la fecha, una extensa tradición. Como es sabido, tres han sido, básicamente, los candidatos a cumplir tal rol; a saber,
los nombres propios,
los indéxicos y demostrativos y
las descripciones.
Sin embargo, de un tiempo a esta parte (Kripke y rigidez mediante) estas últimas han sido frecuentemente eliminadas del elenco de marras. La razón más evidente para tal exclusión ha sido, por supuesto, su carácter presuntamente flexible en tanto designadores (omitimos, por supuesto, las descripciones rígidas de facto). O sea, los términos singulares serían aquellos términos que se comportan rígidamente por cuestiones de orden semántico (esto es, designadores rígidos de iure). Dicho de otro modo, los términos singulares se reducirían al conjunto de los nombres propios y demostrativos e indéxicos.
Nótese, sin embargo, que Kaplan propone para el análisis de este último tipo de vocablos, como mecanismo para desvincular una oración que contiene expresiones indéxicas del contexto, expresar el mismo contenido mediante una oración libre de ellas. Esto es mediante otra oración (carente de demostrativos o indéxicos) que exprese una proposición semánticamente equivalente. Por ejemplo, algo como “Laura Skerk es rubia” para “Yo soy rubia” (emitida, obviamente, por mí).
Supongamos ahora que un chico, digamos Joaquín, afirma
(9) Ese es de madera
Concedamos que Joaquín profiere (9) a la vez que señala un pequeño barquito suyo que parece de plástico como los demás pero que, en realidad, está construido de madera. Agreguemos, además, que su preciado juguete, integrante de su nutrida flota en miniatura, no ha sido bautizado de ningún modo en particular. Luego, en un caso como el citado, el movimiento hacia el nombre propio queda, en principio, fuera de juego. Nótese, por otra parte, que damos por concedido que cuando se hace referencia a un objeto mediante una expresión demostrativa, la proposición expresada es una proposición de tipo singular. Sin embargo, a los fines de transmitir y conservar el contenido expresado, la única salida posible, visto que hay una relativa escasez de objetos portadores de nombres, es el recurso a algún factor de orden descriptivo; un factor de orden descriptivo que permita estructurar una oración que exprese una proposición equivalente a la expresada mediante la emisión de (9), pero allende el contexto original. La conclusión que se abre entonces a partir de consideraciones como las precedentes es que el carácter prioritariamente flexible de las descripciones (derivado, a nuestro entender, del análisis propuesto por Russell) debe ser, por lo menos, revisado.
Comentarios (7).
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Comentario: 1. Supongamos que concebimos el concepto de contenido semántico relacionándolo con las condiciones de verdad de la oración. En ese caso, las oraciones que tienen descripciones como sujeto gramatical determinan, en sus condiciones de verdad, un contenido que indicará un individuo diferente que satisfaga en cada contexto de uso (o en cada mundo) las propiedades implicadas por la descripción, haciendo que la valuación de verdad no sea siempre respecto de la misma entidad: "el perro que ladra en el jardín" refiere a veces a Tobby y a veces a Mora. Tratar a las descripciones como términos singulares (rígidos), no implica alterar nuestro concepto de contenido, de modo que lo que aporten estas descripciones sean individuos determinados y no direcciones o reglas para hallar al individuo referente (quienquiera que satisfaga la descripción)? Y cómo se haría algo así?
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Comentario: 2. Si entendemos que las descipciones definidas singulares contribuyen a las condiciones de verdad de oraciones simples que las incluyen (con respecto a una situación) los objetos que satisfacen de modo único sus matrices (en dicha situación), entonces algunas de ellas parecen ser rígidas (y "de jure" tales): 'el perro que de hecho ladra en el jardin' dicho aquí y ahora, ¿no?
(Me parece recordar que Kripke concede esto mismo en la introducción de N&N, pero no he podido revisarlo.)
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Comentario: 3. En “Descripciones y referencia singular” Laura Skerk defiende un análisis no russelliano de las descripciones. Desde su punto de vista, y en sintonía con Frege, se motiva la tesis de que las descripciones pueden operar como genuinos términos singulares. De acuerdo a Laura, la intuición que subyace a la noción de término singular es la siguiente: lo que se pretende es afirmar de un objeto o específico y determinado cierta propiedad (o propiedades). A expensas de ello, conocer las condiciones veritativas de una oración que contiene un término singular involucra saber que la proposición expresada será verdadera si y sólo si el objeto o en cuestión posee la propiedad predicada. El proyecto incluye reformular las condiciones canónicas de denotación, haciendo depender esta última de la nociones de contexto epistémico de emisión. Su propuesta incluye analizar la forma lógica de
(3) La estrella que se ve primero por las tardes es Venus
en un cierto CEE, como expresando la proposición verdadera,
(4) <o, es Venus>
en tanto
(5) Venus es la estrella que se ve primero por las tardes
expresaría la proposición, falsa en el mundo actual,
(6) <o, es la estrella que se ve primero por las tardes>
Del mismo modo, supuesto un uso referencial de la descripción
(7) La estrella que se ve primero por las tardes es la estrella que se ve primero por las tardes
debería analizarse como
(8) <o , es P>
la cual, al expresar que a un objeto o se le aplica cierta propiedad P puede resultar, de acuerdo con las circunstancias, o bien verdadera o bien falsa. Una de las ventajas que supuestamente tendría su propuesta es que
(9) Tu padre no es tu padre
que según una lectura estándar, (9) expresaría una contradicción y, por lo tanto, sería necesariamente falsa, desde la perspectiva de Laura, en cambio, (9) podría expresar, según el CEE involucrado, de una proposición contingente. Según su propuesta (9) expresaría que cierta propiedad se aplica a un objeto determinado (aquél fijado mediante los procedimientos de identificación de o), lo que según las circunstancias, puede o no ser verdadero.
La propuesta de Laura depende de que (8) <o , es P> sea la forma lógica de (9), (7), (5) y (3). Sin embargo, tal cosa supone que la apariciòn de “tu padre” en (9), y de “Venus” en (3) no es la de un término singular. De lo cual se sigue que en la propuesta de Laura hay alguna dificultad para explicar la validez de las inferencias, de (9) a “($x) (tu pardre no es x)” o de (3) a “($x) (La estrella que se ve primero por las tardes no es x)” aplicando una simple introducción del cuantificador existencial sobre una posición ocupada por un término singular. Por otra parte, ¿cuál sería la propiedad incluida en la proposición expresada por “(10) Esto no es esto”? Me parece que el tradicional análisis en términos de identidades entre objetos no posee estas desventajas.
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Comentario: 4. Efectivamente, el enfoque propuesto aboga por considerar que, en ciertas ocasiones, las descripciones pueden operar como legítimos términos singulares. Todos los términos singulares son, además, a mi entender, designadores rígidos.
Son designadores rígidos entonces los nombres propios, los indéxicos y demostrativos y ciertos casos de descripciones.
Eduardo marca en su comentario que, según su criterio, una propuesta como la delineada genera inconvenientes a la hora de analizar ciertas oraciones que usualmente se considera, expresan enunciados de identidad. Al respecto quisiera marcar algunos puntos. En principio que no se sigue de la perspectiva defendida que no haya enunciados de identidad que, de ser verdaderos, lo son necesariamente. Precisamente enunciados que cuentan a ambos lados
del “es” con términos singulares, son enunciados de este tipo. Ejemplos de esto son:
(1) Ese es ese
verdadero, y necesariamente, siempre que el valor que tome el demostrativo sea el mismo en sus dos apariciones
(2) Ese es Juan
verdadero, y necesariamente, siempre que el valor que tome el demostrativo sea Juan
(3) el hombre que volcó el café sobre la mesa es el hombre que llegó primero a la reunión
verdadero, y necesariamente, siempre que se utilicen las descripciones en cuestión como términos singulares; o sea, siempre que el uso del “es” no sea atributivo (lo que no siempre es el caso). En otras palabras, cuando las dos descripciones involucradas se utilizan como términos singulares el uso del “es” no debe considerarse, en general, atributivo.
En un caso como
(4) Tu padre no es tu padre
parece, sin embargo intuitivamente más adecuado sostener que sólo a un lado de la identidad “tu padre” opera como un término singular, en tanto el predicado no realiza un aporte de este tipo. Mediante este último sólo se atribuye una propiedad al objeto seleccionado mediante la descripción. Otro modo de señalar lo mismo, consiste en indicar que en un caso como el citado el “es” es estrictamente atributivo.
Notoriamente, en su gran mayoría, los ejemplos que he barajado en el texto caen bajo este esquema. La posibilidad de construir una identidad mediante la equiparación de dos términos singulares (sean ellos nombres propios, demostrativos o descripciones en su uso habitual) no queda por ello obturada. Como correctamente se marca en el comentario (4) puede expresar una proposición contingente, así como
(5) La estrella que se ve primero por las tardes es la estrella que se ve primero por las tardes.
puede hacerlo. No se sigue de ello, empero, que este sea siempre el caso. Notoriamente si el uso del “es” no es atributivo (5) debería analizarse como (3), o sea como <o es o>. En cambio si el uso del “es” es atributivo, y solo la primera descripción opera como un término singular (5) debería analizarse como enunciado contingente de forma <o , es P>.
Movimientos análogos quedan abiertos para casos como
(6) Venus es la estrella que se ve primero en las tardes
Nótese, además, que lo dicho en los renglones precedentes es independiente de que, en ciertas ocasiones, la lectura adecuada sea una lectura russelliana de las descripciones en cuestión (véase, al respecto, la pág. 17 de Descripciones y Referencia Singular).
Me inclino a pensar que el hecho de determinar qué tipo de uso se hace de una descripción (así como del término “es”) debe considerarse una cuestión de orden pragmático.
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Comentario: 5. Uno de los puntos que me llaman la atención en la propuesta de Laura es el siguiente: al tratar a las descripciones como términos singulares, Laura divide la operación de valuación (llamemos así al acto de considerar el valor de verdad de la misma) en dos pasos: una primera operación O1, que involucra solamente a la descripción, en la cual ésta selecciona una entidad del dominio presupuesto -por el contexto epistémico de emisión- como su objeto referente. El segundo paso, O2, considera si aquello que es predicado por la oración es verdadero de dicho objeto. Así: (1) La estrella que brilla al amanecer está lejos. selecciona, en O1, a Venus como referente de la descripción, mientras que O2 considera que la oración es verdadera si Venus está lejos, y falsa si está cerca. Ahora, existe una tradición en filosofía del lenguaje que, si la entiendo bien, sostiene que el contenido semántico es idéntico a las condiciones de verdad de la oración. Si esas condiciones, además, se dan en el mundo de emisión, la oración es verdadera (al menos en ese mundo). Si nos valemos de una teoría russelliana de las descripciones, las condiciones de verdad de (1) serían algo así: (i) que exista un único objeto que sea una estrella y brille al amanecer; (ii) que dicho objeto esté lejos. En un planteo russelliano, entonces, las propiedades de las que nos valemos para seleccionar el referente forman parte del contenido de la oración. No me queda claro qué sucede con esas propiedades en el planteo de Laura: podría sostenerse, a primera vista, que no forman parte de dicho contenido, pues la oración tiene como condición de verdad que Venus esté lejos, sin que se mencionen a las propiedades a que nos referimos en la descripción (que Venus sea una estrella, etc.). Es precisamente por eso que el planteo de Laura permite que algunas descripciones puedan referir a un objeto aún cuando éste no posea las propiedades mencionadas en ella. Si esto es así, en el planteo de Laura, oraciones como (1) y (2) tendrían el mismo contenido (mismas condiciones de verdad): (2) La estrella nombrada en honor a la diosa del amor griega está lejos. Lo que, al menos a mí, me suscita un prolongado "mmmmmmm...". Por eso, querría saber qué pasa con las condiciones de verdad de estas oraciones y las propiedades implicadas por la descripción.
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Comentario: 6. Por lo que puedo entender, Laura considera que las propiedades involucradas en una descripción definida usada referencialmente "forman parte de las condiciones veritativas pero no afectan el valor de verdad de la oración". Ésta parece sin duda una posición sumamente inestable. La tomo como queriendo significar:
(a) las propiedades forman parte del contenido proposicional de la oración
(b) el contenido proposicional de una oración NO se reduce a una proposición singular (en el caso de aquellas oraciones que contienen términos singulares), sino que tiene un cierto excedente
(c) las propiedades empleadas durante O1 forman parte de ese excedente, y por eso puede decirse de ellas que forman parte de lo semánticamente expresado por la oración, pero no determinan su valor de verdad
Desde luego, esto parece implicar la colocación de esta parte del contenido semántico fuera de las condiciones de verdad de la oración. Por esto, me parece que la formulación "forman parte de las condiciones veritativas pero no afectan el valor de verdad de la oración" es un tanto imprecisa. Tal vez sería mejor decir "forman parte del contenido pero no afectan las condiciones de verdad".
Así, las oraciones (1) y (2) de Justina, aunque concuerdan en condiciones de verdad, difieren en contenido. En efecto, si se toman las condiciones de verdad como las condiciones que debe satisfacer una situación determinada para que una oración sea verdadera, tomada como una descripción parcial de dicha situación, (1) y (2), cuando las descripciones están usadas referencialmente, tienen las mismas condiciones de verdad (que involucran al planeta Venus). Pero difieren con todo en contenido semántico, debido a que las propiedades involucradas en O1 son diferentes en cada caso.
Esta posición me suscita también un prolongado "mmmmmmm...", por motivos algo coincidentes, en particular, entre ellos se encuentra la revisión de la idea de contenido semántico que parece motivar ambos comentarios de Justina.
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Comentario: 7.
El trabajo de
Laura asume dos posiciones centrales: (a) las descripciones definidas suelen
funcionar como genuinos términos singulares; (b) el valor semántico de un
término singular cualquiera es una composición de su referente semántico y algo
más – identificado de alguna manera con el mecanismo por medio del cual dicho
referente es seleccionado. Discuto ahora el primero de estos puntos.
Para sustanciar
la idea de que las descripciones son términos singulares genuinos, se introduce
la noción de uso referencial de un término: en ciertos usos, las descripciones
contribuyen (por lo menos) con su referente semántico, y no meramente con el
complejo de propiedades que determinan dicho referente. Una de las motivaciones
más importantes que encuentro en el trabajo de Laura para sostener la
existencia de usos referenciales de descripciones definidas surge de las ideas
de Kaplan sobre el análisis semántico de los demostrativos.
Por necesidades
de su teoría, Kaplan necesita poder dar, para cada oración con demostrativos,
una oración que esté libre de tales expresiones y exprese semánticamente la
misma proposición singular. Debido a la escasez de nombres propios, y al
compromiso con un análisis russelliano de las descripciones definidas, para
ello requiere de un operador como dthat, cuya función es convertir a
términos singulares en términos de referencia directa. Se sostiene (y esto lo
señala correctamente Laura) que el recurso a un operador como dthat no
está disponible de manera general a los hablantes, y que por tanto recurrir a
él no es lo que habitualmente hacemos al proporcionar oraciones que expresen la
misma proposición que una oración con demostrativos. Si prestamos atención a lo
que de hecho hacemos, solemos expresar las mismas proposiciones por medio de
oraciones con descripciones definidas sin ningún tipo de operador especial.
Ahora bien, pasar de estas últimas observaciones (a mi entender correctas) a la idea de
uso referencial de una descripción es un non sequitur. La idea de tener
usos referenciales de descripciones es que tales expresiones contribuyan con un
individuo al contenido oracional. De manera que la proposición semánticamente
expresada por oraciones con descripciones referenciales sea singular. Sin
embargo, esto no es necesario: todo lo que se requiere de un hablante es que
esté en posición de expresar una misma proposición por medio de una oración sin
demostrativos; pero no se requiere que deba hacerlo por mecanismos
específicamente semánticos. Dicho de otro modo, el hablante puede usar una
oración semánticamente no equivalente para expresar por medio de recursos pragmáticos
una misma proposición singular.
Por otra parte,
tengo la impresión de que por lo menos la mayoría de los casos analizados por Laura pueden ser
acomodados dentro del marco de una teoría semántica que considere la contribución de una descripción definida como un complejo de propiedades, junto con una complementación
pragmática que explique la posibilidad de asertar proposiciones singulares por
medio de oraciones que contienen descripciones definidas. Sólo a modo de
ejemplo, consideremos el ya polémico:
(1) Tu padre no
es tu padre
H usa (1) para
impartir a A una determinada proposición p' (p.e., 'B no es tu padre',
una proposición que usualmente expresaríamos por medio de “la persona que crees
que es tu padre no es realmente tu padre”, o algo así). H emite entonces (1); A
comprende (1), y reconoce que expresa (semánticamente) una proposición
contradictoria p. Luego sigue un razonamiento pragmático clásico: A
reconoce que esto viola una máxima conversacional, con lo cual infiere que H no
desea asertar que p por medio de (1). Sobre la base de otras máximas A infiere que H desea expresar algo como p' por medio de (1).
Con este
comentario busco simplemente mostrar que el conjunto de datos lingüísticos
presentado en el trabajo de Laura puede ser interpretado de manera consistente
por una teoría que considera las descripciones definidas como términos
generales. No reclamo ninguna originalidad en esto. Sin embargo, me parece que
esto indica que deberían aducirse consideraciones adicionales para preferir una
teoría por sobre otra.
Una
consideración que no parece favorecer la posición de Laura es la siguiente:
partimos de la premisa de que una de las propiedades semánticas más relevantes
del lenguaje es su capacidad de codificar (y, de manera derivada, transmitir)
información acerca del mundo.
Una condición
que puede exigirse a un sistema de codificación para que sea eficiente es que,
a partir de una codificación dada, sea posible recuperar una única información, que sea la información inicialmente
codificada. Una de las ventajas de las teorías que consideran las descripciones
como términos generales es que resulta de ellas una imagen del lenguaje como un
sistema altamente eficiente de codificación de información.
Puede pensarse
que la existencia de, p.e., nombres propios ambiguos introduce una cierta ineficiencia
en la codificación y transmisión de información. Esto puede ser cierto. Después
de todo, dijimos que el lenguaje es un sistema altamente eficiente, no que es
perfecto. Sin embargo, me siento inclinado a pensar que 'Aristóteles' (refiriendo al filósofo griego) y 'Aristóteles' (refiriendo a
Onassis) no son el mismo nombre. En todo caso, parece ser un “problema” con
nuestro sistema de nombres, y no con la eficiencia del lenguaje para codificar
información (si tuviéramos un sistema de nombres no redundante y sin
expresiones vacías, no surgirían problemas de codificación).
Por el contrario, la
propuesta de Laura parece introducir una ineficiencia en el lenguaje mismo como
sistema de codificación: no es posible decodificar una única pieza de
información a partir de una oración con una descripción, aún cuando en dicha
oración no ocurra ningún término ambiguo o ningún elemento indéxico o
demostrativo. Por el contrario, la información codificada por oraciones de este
tipo parece ser altamente dependiente de las intenciones del hablante y de
elementos pertenecientes a los contextos pragmático y epistémico en que la
oración es usada, de una manera en que no lo es la información codificada por
otros tipos de oraciones en las que tampoco ocurren fuentes de ambigüedad o de
indeterminación (incidentalmente, creo que la posición de Laura generaliza esta
imposibilidad de decodificación unívoca a toda oración con términos singulares,
pero por motivos independientes de su adhesión a la idea de uso referencial de
una descripción definida).
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