He aquí una tesis equivocada: la verdad es una meta de la indagación. Llamemos a esta tesis veroteleologismo. Penelas (quién dio nombre a esta posición), en Problems of Bilgrami’s veroteleologism presenta tres argumentos argumenta en contra del veroteleologismo de Bilgrami. El segundo es el siguiente:
AV2
(A)Una meta no reconocible no puede ser tomada como meta.
(B)Si todas nuestras creencias pueden ser revisadas, entonces nunca podremos saber cuándo una creencias es verdadera.
(C)Todas nuestras creencias son revisables.
(Conclusión)La verdad no es una meta de la indagación.
Tal como señala Penelas, Bilgrami rechaza (B), por lo tanto no está obligado a aceptar la conclusión. Pero Penelas señala otro problema que plantea su argumento. La conjunción de (C) y la idea que las creencias libres de duda son verdaderas, tesis que Bilgrami acepta, parecen llevar al relativismo. Por todo esto, Penelas plantea dos desafíos a Bilgrami: (1)explicar cómo se libra del relativismo (porque Bilgrami quiere sacárselo de encima); (2)explicar cómo es que la revisabilidad de toda creencia empírica no lleva a concluir que no podemos decir cuáles creencias son verdaderas.
La respuesta a estas demandas de Penelas está bastante a mano de Bilgrami. Para rechazar (B) es suficiente con señalar que Bilgrami rechaza el relativismo porque es muy costoso aceptar que una proposición y su negación pueden ser ambas verdaderas. Para hacer más drástico su rechazo, apelemos a la piedra de toque de su pragmatismo: la práctica relevante, en este caso, la indagación. Los ‘indagadores’ rechazan la posibilidad de aceptar dos proposiciones contradictorias o, dicho de otra manera, el principio de no-contradicción es central a su cuerpo de creencias (aunque no sea una creencia empírica). Penelas responderá: distintas visiones del mundo, por ejemplo, de la misma comunidad o el mismo indagador en distintos momentos, aceptan, cada uno, proposiciones mutuamente contradictorias. Ambas proposiciones son entonces verdaderas, pues son parte de una visión del mundo. Ahora viene la aclaración clave: no basta formar parte de alguna visión del mundo para ser una proposición verdadera. Para ser verdadera hay que ser parte de nuestra visión del mundo (sea la propia visión, en tanto individuo, o la de la propia comunidad). Y como nuestra visión del mundo no incluye proposiciones contradictorias, no se tiene que dar cuenta de lo problemático que sí debe explicar el relativismo: cómo dos proposiciones contradictorias pueden ser ambas verdaderas. Así se responde al desafío planteado en (1): asumiendo una posición etnocéntrica. Asumir la perspectiva del punto de vista de la primera persona obliga a atender a nuestro punto de vista de primera persona, y no al punto de vista de primera persona de cualquiera, ni tampoco al punto de vista de la tercera persona. Lo único relativo a cualquier punto de vista es lo que se cree verdadero.
Para responder a (2) Bilgrami no puede apelar a la práctica relevante de la epistemología, la indagación, porque en ella no se acepta que se puedan revisar las proposiciones que se asumen como verdaderas. Como suele señalar Bilgrami, es muy difícil sostener cosas como “esta proposición es verdadera, pero podría ser falsa”. Pero el falibilismo de Bilgrami, el falibilismo sobre lo empírico, que sostiene que toda proposición empírica puede ser falsa, sostiene que cualquier creencia puede ser revisada, cualquier creencia parte de nuestra visión del mundo puede quedar fuera de nuestra visión del mundo en el curso de la indagación. ¿En qué aspecto de la práctica relevante, la indagación, se apoya para afirmar esto? En ninguno: esa no es una tesis epistemológica. ¿Pero cuál es su fundamento, entonces? Es, en todo caso, nos dirá Bilgrami, una idea no epistemológica, pero legítima. La filosofía no se agota en la epistemología, y aquella es una buena idea filosófica, aunque no epistemológica. ¿A qué disciplina filosófica pertenece, si no a la epistemología, lo que parece más natural? La lógica, puede argüir Bilgrami, califica a toda proposición cuya verdad o falsedad no queda determinado por los significados de los conceptos que la integran, como pudiendo ser falsa. La práctica lógica es la que justifica la tesis en cuestión, y la disciplina filosófica que integra es la filosofía de la lógica.
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