| Milton Laufer sobre lo inefable y lo antepredicativo en el primer Wittgenstein |
Tengo algunas dudas sobre el punto 3.2 de ‘El primer
Wittgenstein y el problema de lo inexpresable’. No veo claramente cómo podemos
considerar a lo inefable en el Tractatus como un caso del fenómeno de lo antepredicativo. El
“no veo cómo” no es un eufemismo de “no” sino que habiendo revisado el texto de Milton hay cosas que aún no termino de entender. Por eso este comentario es primero sólo un
pedido de aclaración.
En
el punto 3.2 Milton sugiere que las verdades inefables del Tractatus de
Wittgenstein son un caso de lo antepredicativo en el sentido aristotélico. Así como
las proposiciones del Tractatus no pueden ser predicadas o formuladas sino que
son cosas de las que sólo tenemos cierta conciencia, lo simple en Aristóteles es
algo de lo que sólo hay un tocar (que
vendría a ser algo análogo a esta conciencia de lo inefable) una captación que
no resulta en la composición o separación que es la predicación (por ello lo
simple sería en algún sentido también inefable o inexpresable).
Ahora bien, es la simplicidad lo que determina que
algo sea antepredicativo en el caso de Aristóteles. La predicación es una
composición y supone diferentes partes que entren en ella. Aquí la
imposibilidad de predicar no parece tener que ver con la imposibilidad de
expresar. No hay nada que no se pueda decir, sino que simplemente ocurre que lo que
consideramos no tiene una estructura sintáctica predicativa. No se trata de un problema
semántico de incapacidad expresiva sino del resultado de una especie de caracterización
sintáctico-semántica de las expresiones. Si lo que dice Milton es que lo ante
predicativo en “Pa” es “a” mismo (que parece simple en el sentido indicado) no
veo por qué decir que forma parte del ámbito de lo inefable o no expresable.
Ahora, si queremos decir (que creo que es lo que dice el punto 3.2) que lo
que se muestra en “Pa” es lo ante predicativo (esto es, que a es un objeto)
no veo porque debemos pensar que es simple en el sentido aristotélico.
Puede pensarse que el mostrarse de las proposiciones
absurdas del Tractatus y la captación de lo simple juegan un papel similar en
la articulación de oraciones o proposiciones. Pues en ambos casos captamos algo
que opera como condición del discurso ordinario. Necesitamos captar lo simple
para articular dianoéticamente afirmaciones o negaciones. Necesitamos
percatarnos de que a es un objeto o P es un predicado para formar
correctamente las fórmulas. Esta parte de la analogía funciona pero creo que no
es la interesante. La analogía sería elucidatoria si pudiera decir algo más
sobre los motivos por los que las proposiciones tractarianas no pueden ser
expresadas. Ambos elementos comparten el no ser ellos mismos el discurso
predicativo que posibilitan. Pero en cada caso ello se explica por hechos
diferentes. En primer lugar tenemos la simplicidad de lo captado. Ella hace
imposible que sea reflejado en una composición o separación verbal. En el otro
caso, la imposibilidad de que lo que se muestra pueda entrar en el discurso
está determinada por dificultades teóricas inherentes a cierta semántica
filosófica. Parecen ser diferentes las razones para considerar algo inefable de
las que tenemos para considerar algo antepredicativo y tampoco es claro que ambos
criterios se apliquen a las proposiciones tractarianas.
Comentarios (2).
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Comentario: 1. En primer lugar, gracias por el comentario, al cual encuentro muy atinente y claro. Como hablamos un poco en el marco del seminario, en el caso de a o P, la naturaleza simple de los referentes parecería estar garantizada por ciertos argumentos anteriores del Tractatus (ver 2.0x y ss, y mis trabajos en este sitio sobre esos argumentos así como la afirmación tractariana según la cual en una proposición completamente analizada sólo hay nombres, que son el correlato lingüístico de los objetos simples -razón por la cual es plausible creer que o bien en una proposición completamente analizada no hay términos generales, o bien los términos generales son representables mediante nombres y su correlato es, por lo tanto, alguna clase de objeto simple). Así, para estos casos, podría sugerirse (y yo mismo lo hice en la tesis) que la analogía con Aristóteles está bien fundada: son las características ontológicas mismas de estos referentes las que nos impiden establecer predicaciones respecto de los rasgos formales de los mismos, dada su intrínseca simpleza. Sin embargo, como también dialogamos en el seminario, esto no parece posible para otros casos. El caso de la forma lógica es confuso, y los argumentos para probar la simpleza de la misma -como discutíamos con Martín Ahualli- parecen limitarse a una mera cuestión de tradición: Russell ya había indicado que la forma lógica era un objeto de conocimiento directo y, por lo tanto, simple. Ahora, en el caso del pseudo-concepto proposición -y su correlato ontológico hecho-, esto parece claramente no ser así: por definición, tanto la proposición (que es un hecho) como los hechos, no son simples (se componen de objetos en determinada configuración). De este modo, argumentar que es la simpleza lo que causa el fenómeno de la antepredicación no parece ser sostenible.
No tengo una respuesta muy segura al respecto. Puedo únicamnete indicar que, siempre según el Tractatus, existen razones (en apareciencia, primeramente de orden ontológico y luego de orden lógico-semántico) por las cuales los hechos no pueden ser a su vez estructurados dentro de otros hechos (las funciones veritativas no son indicadores de complejos de hechos, dada la carencia de referencialidad de las conectivas lógicas, sino en cambio meras tablas de combinación de posibilidades veritativas) y, por lo tanto, el correlato semántico de una estructuración de elementos -esto es, la predicación- no tiene lugar aquí. Así, el carácter de hecho no parece algo posible de ser predicado, y únicamente es posible ser concientes de que algo lo es. Todo esto puede transpolarse al término "proposición", dada la semántica tractariana. Si esto es correcto, en ambos casos los términos en cuestión ("hecho" y "proposición") escapan a la predicación. De este modo, la estrategia sería disociar la simpleza de lo antepredicativo, y sólo quedarnos con el "espíritu" de la posición aristotélica: existirían razones (quizás, repito, fundadas en un orden ontológico*) por las cuales ciertos elementos son prioritarios respecto de la predicación y, por lo tanto, hacia las cuales sólo quedaría esta "conciencia", este "tocar" cuyo correlato lingüístico es la phasis -el mostrar tractariano.
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Comentario: 2. (Mi nota al pie quedó en el aire; la olvidé. Aquí va.)
* Las dudas respecto de la fundación ontológica son producto de ciertas indicaciones de Glenda Satne, relativas a la posibilidad de entender mi posición como trascendental y, por tanto, a mitad de camino entre las terapéuticas y las metafísicas.
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