Tras analizar toda la evidencia relevante,
creo cierta tesis filosófica es verdadera. Algunos de mis colegas suscriben mi
impresión. Otros, sin embargo, tras analizar el mismo cuerpo de evidencia,
creen firmemente que estoy equivocado. ¿Qué debe un filósofo hacer en estas
circunstancias?
Brian Weatherson abre su artículo
“Disagreeing about Disagreement”
con esta pregunta. Hay dos posiciones básicas: quienes creen que debo seguir
sosteniendo mi creencia original, y quienes entienden que el que un par
epistémico, tras analizar la misma evidencia que yo analicé, concluya algo
incompatible con mi creencia, es nueva evidencia relevante para la discusión, y
por tanto debe ser tomada en consideración. Hacerlo hará que deba revisar mi
opinión primera, y concluir, consecuentemente, que no pueda decidir entre el
contenido de mi creencia original, y su negación. Lo racional, en esta
situación, será suspender el juicio –si la situación está planteada en término
de creencias no graduadas- o atribuir una probabilidad subjetiva que sea el
promedio ponderado de las probabilidad subjetiva previas atribuidas por los
pares epistémicos. Weahterson (y Elga) llama a esta posición “Equal Weight”
[EW]. Feldman 2006, Christensen 2007y Elga 2010
creen que es verdadera. Kelly 2010, Wedgwood 2010 y el propio Weatherson
en el artículo citado creen que es falsa. Weahterson (y Elga) llama a una
posición del estilo, “Right Reason View” [RRV].
Esto plantea un dilema, pues si EW es correcta, el desacuerdo entre pares al
respecto indica que lo razonable es suspender la creencia acerca de EW –o
asignarle una probabilidad subjetiva de 0.5, si quienes aceptan EW le asignan
una probabilidad subjetiva de 1, y quienes la rechazan le asignan una
probabilidad subjetiva de 0. Esto parece plantear una inconsistencia o una
incoherencia en EW. Veamos más lentamente el fenómeno. Si se cree que EW es
verdadera, se le asigna una probabilidad subjetiva de 1 o cercana a 1. Pero si
hay pares epistémicos que, después de analizar toda la evidencia compartida,
asignan a EW una probabilidad subjetiva de 0, entonces la probabilidad
subjetiva que se deba asignar a EW deberá ser, si se actúa de acuerdo a cómo EW
insta a actuar (si se cree que EW es verdadera)- el promedio ponderado de las
probabilidades subjetivas previas de los pares epistémicos. Este será, a lo
sumo, de 0.5. De hecho, será menor a 0.5 si la probabilidad subjetiva asignada
a EW por quien cree en ella es cercana, pero no igual, a 1. Podríamos estar
tentados a decir que la contradicción surge en este punto, pues el defensor de
EW se ve obligado a asignar a EW dos probabilidades subjetivas (distintas, por
supuesto) -1 y 0.5-, al menos si se
admite que un defensor de EW debe rechazar esta posibilidad. Pero no hay
tal contradicción: el defensor de EW asigna 1 a EW hasta que el desacuerdo con los pares
emerge. Posteriormente al mismo, le asigna una probabilidad subjetiva de, a lo
sumo, 0.5. No hay contradicción. Pero veamos cómo lo presenta el propio Weatherson:
1- Hay pares epistémicos que desacuerdan
acerca de EW, y no hay nadie que sea un experto relativamente a quienes
adhieren a EW.
2- Si (1) es verdadera, entonces, de acuerdo a
EW, la probabilidad subjetiva [“credence”] que atribuya a EW debe ser menor a
1.
3- Si la probabilidad subjetiva que atribuyo a
(1) es menor a 1, entonces el comportamiento preconizado por EW es, en una
amplia gama de casos, incoherente.
4- Por tanto, el comportamiento preconizado
por EW es, en una amplia gama de casos, incoherente.
Acaso el punto más discutible de la
presentación de Weatherson del tema sea que para actuar de acuerdo a EW, debo
atribuirle una probabilidad subjetiva de 1, es decir, la premisa (3). La
justificación que Weatherson da de (3) –que el propio autor reconoce como el
punto más difícil de su argumento- se desarrolla a través de la evaluación del
caso de cuatro amigos, Apolo, Telémaco, Adam y Tom. Un día antes del inicio de
la historia en cuestión, Adam convence a Apolo de que EW es la posición
correcta, y que debe actuar en consecuencia. Al día siguiente, Apolo y Telémaco
van a ver un juego del equipo de béisbol de los Red Sox. Ha habido rumores de
que David Ortiz, jugador titular del equipo que estaba lesionado, está lo
suficientemente sano como para jugar. Tanto Apolo como Telémaco escucharon los
informes que al respecto dieron los programas deportivos, y se disponen a
comparar las probabilidades subjetivas que cada uno atribuye a que Ortiz vaya a
jugar. Llamemos a esta proposición, p. La probabilidad subjetiva de Apolo en p
es 0.7. La de Telémaco, 0.3. De hecho, 0.7 es la probabilidad subjetiva
racional en p, dada la evidencia compartida, y Apolo cree con verdad que lo es.
De hecho, Ortiz va a jugar, así que p es verdadera. De todas formas, Apolo
disminuye su probabilidad subjetiva en p, de acuerdo a lo que insta a hacer la
adopción de EW. La nueva probabilidad subjetiva que atribuye a p es 0.5, dado
que tanto Telémaco como él analizaron la misma evidencia, y Apolo juzga que
Telémaco es un par epistémico con respecto al béisbol. En ese momento llega
Tom, quien trata de convencer a Apolo de que, frente a ese tipo de desacuerdos,
lo racional es mantener la probabilidad subjetiva original –es decir, que EW es
falsa. Telémaco acuerda con Tom. Apolo, no obstante, sigue sin estar
convencido. Entonces Tom le pregunta cuán probable debe ser una proposición
para poder afirmarla correctamente. Apolo responde que tiene que ser, al menos,
bastante probable. Bastante más que 0.5, al menos. Tom retruca que, en ese
caso, no debería defender a EW en público, porque tanto Telémaco como el propio
Tom son pares epistémicos de Adam y de Apolo, y ellos piensan que EW es falsa. Por
tanto, de acuerdo a los propios dictados de EW, la probabilidad subjetiva que
Apolo debe atribuir a EW es de 0.5. Y esa no es una probabilidad subjetiva
suficiente como para afirmarla.
Apolo acuerda con Tom en que no debe defender en público a EW. Pero de todos
modos planea usarla, y por tanto atribuir a p una probabilidad subjetiva de
0.5, en lugar de 0.7. Pero entonces Tom y Telémaco presentan la siguiente
analogía. Pensemos en dos expertos que dan juicios distintos acerca de la
probabilidad de q. Emma afirma que la probabilidad de q, dada la evidencia
disponible, es 0.5. Rae, por su parte, sostiene que la probabilidad de q, dada
la evidencia disponible, es 0.7. ¿Cuál debe ser la probabilidad subjetiva que
Apolo atribuya a q, si tiene la misma evidencia que ellas, y las considera a
ambas expertas en la materia? Una respuesta razonable es que debe ser el
promedio de ambos juicios, y solo debe ser 0.5 si cree con certeza que Emma es
el experto en quien confiar, y no cree para nada que Rae lo sea. La situación
es análoga a la que Apolo enfrenta en nuestro caso. De RRV se sigue que su
probabilidad subjetiva en p debe ser 0.7, mientras que de EW se sigue que debe
ser de 0.5. Apolo sabe ambas cosas. Por tanto, su probabilidad subjetiva en p debe ser de 0.5 si y solo si tiene
certeza que p EW es verdadera (si y solo si atribuye a EW una probabilidad
subjetiva de 1), así como debe atribuir una probabilidad subjetiva de 0.5 a q si y solo si está
cierto que Emma es el experto en quien confiar. Si no atribuyera a EW una
probabilidad subjetiva de 1, como la probabilidad subjetiva que debería
atribuir a p sería más alta que 0.5 (y más cercana a 0.7 cuánto menos
firmemente crea en EW). De hecho, atribuir una probabilidad subjetiva de 0.5 a p es incoherente a
menos que Apolo esté cierto que EW es la teoría en la que confiar. Pero este no
es el caso, pues la probabilidad subjetiva que Apolo atribuye a EW es, tal como
requiere EW, 0.5. Por tanto, EW lo insta a ser incoherente: o bien atribuye a
EW una probabilidad subjetiva de 1, y entonces puede atribuir a p una
probabilidad subjetiva de 0.5, o bien no atribuye a EW una probabilidad
subjetiva de 1 (y sí, por ejemplo, una de 0.5), pero entonces no puede atribuir
a p una probabilidad subjetiva de 0.5. Pero lo que recomienda EW –es decir,
atribuir a EW y a p, en cada caso, una probabilidad subjetiva de 0.5, es imposible sin caer en inconsistencia –si
se cree que no se puede atribuir a una misma proposición más de una
probabilidad subjetiva. Weatherson evita hablar de inconsistencia y
contradicción, y se limita a señalar que en este caso hay “recomendaciones
incoherentes”. Pero, como se vio, podría también haber dicho algo más fuerte
(bajo el supuesto señalado).
Más precisamente:
5- EW afirma que la probabilidad subjetiva que
Apolo atribuya a p debe ser 0.5.
6- Si (5) es verdadera, entonces EW ofrece
indicaciones incoherentes, a menos que la probabilidad subjetiva que Apolo
atribuya a EW sea de 1.
7- EW afirma que la probabilidad subjetiva que
Apolo atribuya a EW debe ser 0.5.
8- Por tanto, EW ofrece indicaciones
incoherentes.
Como el caso de Apolo puede generalizarse
fácilmente, podemos inferir que, en un extenso número de casos, EW no solo ofrece
indicaciones incoherentes, como señala Weatherson, sino que, si se compromete
con que no se puede asignar más de una probabilidad subjetiva a la misma
proposición (en un tiempo dado, desde ya), incurre en contradicción.
Feldman, R., 2006a, “Epistemological
puzzles about disagreement” (en Epistemology Futures, Hetherington, S. (ed.). Oxford: Oxford
University Press. pp. 216-236),
Christensen, D.,
2007. “Epistemology of Disagreement: The Good News” (Philosophical Review 119,
pp. 187-217), y Elga, A., 2007 (“Reflection and Disagreement”, Nous 41,
pp. 478-502).
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