Una de las posiciones más aceptadas en teoría del desacuerdo sugiere realizar un promedio ponderado entre nuestras creencias y las de nuestros pares epistémicos. Bajo esta línea se agrupan autores como Elga (2007) y Christensen (2007), entre otros. A su vez, Kelly (2010) y Wedgwood (2010) defienden la posición opuesta: mantener siempre la creencia más allá de cualquier opinión ajena. Suponiendo que los autores son pares epistémicos, surge el siguiente interrogante: ¿qué debería sostener un conciliador frente al propio disenso sobre teoría del desacuerdo? Si es consistente, deber otorgar tanto peso a su opinión como a la de su par. Pero sea en términos de creencias binarias o graduadas, esto implica – bajos supuestos estándar – que el agente debe suspender el juicio respecto a la teoría defendida originalmente. No ocurre así con la posición “obstinada” que por definición mantiene la postura más allá de la opinión de sus pares. El argumento bosquejado es el talón de Aquiles de la “Equal Weight View” (en adelante EW). A tal punto que casi todos los defensores de EW se toman el trabajo de brindar alguna respuesta. En lo que sigue presentare la solución propuesta por Weiner, para luego señalar sus dificultades. La estrategia es simple y directa: EW es auto-refutable, pero tal propiedad no es un motivo suficiente para rechazar un teoría si paralelamente tenemos sólidos argumentos para creer en ella. Veamos por qué.
El argumento procede por absurdo. Tomemos el siguiente principio (de ahora en más: principio S): debemos rechazar todo teoría auto-refutable1. Supongamos que T es tal teoría. Y a su vez que existe un conjunto R de argumentos que nos obliga a creer respecto a T. Aquí hay una tensión. Según el principio citado debemos abandonar la teoría; pero si tenemos en cuenta sus argumentos, nos vemos compelidos a aceptarla. Queda claro entonces que ambas opciones no pueden darse simultáneamente. Para evitar la inconsistencia podemos modificar la propiedad del conjunto R (léase: su obligatoriedad) bajo el siguiente condicional: si no creemos en T entonces r es compelling . Recapitulando tenemos las siguientes premisas: 1) T es auto-refutable, 2) el principio S, 3) existe un conjunto R, que nos obliga a creer en T mientras no creamos en T. Con las premisas definidas analicemos nuestras opciones asertivas.
Podemos creer en T, alentados por los argumentos a su favor; sin embargo, el principio S nos insta a rechazar toda posición auto-refutable. Pasemos a “no T”. Dado que no aceptamos T, por “consistencia” el conjunto R nos obliga a rechazar no T. La idea sería la siguiente: el conjunto R-por hipótesis- nos fuerza a creer en T mientras no aceptamos T; y en este escenario de hecho no creemos en T. Por tanto al aceptar no T, “resucitamos” los argumentos a favor de T y nos vemos obligados a rechazar no T, en virtud de las fuerza de tales argumentos. En otras palabras, aceptamos no T para luego desestimarla. De esta forma, Weiner intenta demostrar que aceptando el principio S nos quedamos sin opciones asertivas.
Aceptar el argumento precedente nos obligaría a rechazar el principio S y cualquier otro principio. Por ejemplo, tomemos el principio C: toda teoría inconsistente debe ser rechazada. Supongamos que T es tal teoría, y además que existe un conjunto R, con propiedades idénticas a las del caso anterior. Aceptar T no es una opción dado que viola el principio C. Y al aceptar no T, rescatamos nuevamente el conjunto R, lo cual implica el rechazo de no T. Nótese que no hay nada en especial del principio C – o S en el caso previo – que justifique la argumentación, dado que en ningún momento hicimos uso de las características de C; sólo necesitamos que T viole tal principio. Conclusión: para salvar la inconsistencia podemos negar: a) todos nuestros principios para evaluar teorías, b) la existencia de un conjunto con las propiedades atribuidas a R, o c) la posibilidad de una teoría auto-refutable. Sin dudas b es nuestra mejor opción.
En realidad el problema es mucho más simple, pues la inconsistencia surge únicamente de la premisa número tres. Veamos cómo.
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Si aceptamos R, entonces aceptamos T ; por definición de argumento compelling
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Si no aceptamos T, entonces no aceptamos R ; por modus tollens
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Si no aceptamos en T, entonces aceptamos R; esta hipótesis se utiliza para rechazar no T
Ahora bien, adviértase que la contradicción es independiente del principio S y de la existencia de una teoría auto-refutable. Todo lo que necesitamos es que alguien afirme que existe un conjunto que nos obliga a creer en T, mientras no creamos T.
El segundo argumento también opera por absurdo pero bajo una versión modificada de S, S': nadie debería creer en una teoría auto-refutable. De esta forma, la incómoda situación del caso previo, tenemos 2 creencias posibles y ambas son desestimadas, queda anulada a partir de una tercera vía: suspender el juicio. Pero Weiner contraataca: por hipótesis en el momento que suspendemos el juicio, el conjunto R nos obliga/fuerza a creer en T. Por tanto aceptamos T. Sin embargo, la teoría en cuestión es auto-refutable y según el principio S, debemos suspender el juicio o rechazarla. Y ahora volvimos al primer casillero, pues la última acción permite que el conjunto R nos lleve a creer en T.
Las críticas se repiten y por tanto voy a ser breve. En primer lugar, en el desarrollo del nuevo argumento las características de C, no cumplen función alguna. Por tanto, nos vemos ante la disyuntiva de rechazar S' o todos nuestros principios para evaluar teorías. A su vez, la supuesta paradoja depende de la aceptación de la premisa 3, la cual fue oportunamente refutada.
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