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Qué es un "par epistémico"
Ingresado el 24.VI.2010 en la categoría: General > Epistemología por Federico Pailos.

¿Qué es un par epistémico? Hay algunas notas distintivas que parecen claramente asociadas a esta idea. Un par epistémico debe tener similar inteligencia, lucidez, capacidad de análisis, un funcionamiento parecidamente eficaz del aparato perceptivo, siempre que las proposiciones en cuestión sean perceptivas. Esto apunta a una segunda característica: no se es un par epistémico sin más (esto, a lo sumo, sería un caso límite), sino relativamente a un conjunto o tipo de proposiciones –que pueden o suelen determinar un ‘tema’. Dentro del ámbito filosófico, se puede ser un par epistémico con respecto a los hacedores de verdad, el pluralismo lógico o la epistemología del desacuerdo. (Estos serían los temas.) Una tercera característica es un comportamiento igualmente eficaz en la identificación del valor de verdad de ese grupo de proposiciones –o el grado de confianza que se debe tener en ellas, dado un cierto cuerpo de evidencia- en el pasado. Es decir, la paridad epistémica está determinada por el comportamiento pasado. (Aunque podría sostenerse que esto no es así, que el comportamiento pasado solo nos da un indicador confiable para atribuir paridad epistémica a un individuo, pero que nada impide que otro sea un par aunque nunca, hasta ese momento, se haya puesto a evaluar el valor de verdad de –o el grado de confianza que debemos tener en- esas proposiciones.) Esto, y no una actuación determinada, es lo que tiene mayor peso. Es decir: parece que alguien puede ser un par epistémico y equivocarse en la evaluación de la evidencia –a la hora de determinar cuánta confianza tener en una cierta proposición- y seguir siendo un par. Pero no basta con responder de la misma forma a la evidencia para serlo. ¿Algo más? Acaso sí.

Pensemos en el siguiente ejemplo, presentado por Thomas Kelly en “Peer disagreement and higher order evidence”:

 

Sos un matemático profesional. Dentro de la comunidad de matemáticos, existe un cierta conjetura de importancia sustantiva y enorme interés –llamémosla “La conjetura”. Puestos a especular, la mitad de los matemáticos cree que es verdadera, y la otra mitad, que es falsa, pero todos acuerdan que no existe una base firme para afirmar ni una cosa ni la otra. Pero un día ocurre lo inesperado: en la soledad de tu estudio, lográs probar “La conjetura”. Sobre la base de tu prueba te volvés extremadamente confiado, y de hecho estás prácticamente cierto de la verdad de “La conjetura”. Dado que tu alto grado de confianza está basado en una prueba genuina de “La conjetura”, a la que reconocés como tal, estás plenamente justificado. Más tarde, le mostrás tu prueba a un colega. Par tu sorpresa, tras examinar detalladamente la prueba, tu colega declara que es incorrecta. Aún más tarde, le mostrás la prueba a un segundo colega, que reacciona de modo análogo a cómo reacciona el primero. Lo mismo pasa con un tercer y un cuarto colega. Cada uno de ellos forja su opinión de modo independiente, y en cada caso, la opinión es la misma. Eventualmente, tu prueba no convence a nadie. Toda la comunidad de matemáticos opina que tu prueba es incorrecta y que, por tanto, el estatus de “La conjetura” sigue siendo una pregunta abierta.

 

¿Qué actitud debés tomar frente a la prueba y frente a “La conjetura”? ¿Debés seguir igualmente confiado en su verdad? ¿Debés seguir igualmente confiado en que la prueba es correcta? ¿Debés, dado que la comunidad matemática rechaza la corrección de la prueba, estar menos cierto de que “La conjetura” es verdadera, o de que tu prueba es correcta? ¿Debés suspender el juicio al respecto? ¿Debés pensar que tu prueba es incorrecta? ¿Hay solo una conducta que es racional que tengas en este tipo de situaciones, o tenés más de una opción abierta? Cualesquiera sean las respuestas a estas preguntas, parece, por cómo está construido el ejemplo, que es correcto afirmar que quienes rechazan que la prueba sea correcta son, todos ellos, pares epistémicos tuyos en lo que respecta a ese tipo de proposiciones matemáticas y a ese tipo de presuntas pruebas. Son, todos ellos, individuos similarmente capaces a vos, y de una eficacia, en sus juicios pasados con respecto a estas proposiciones, similar a la tuya. No parece que sus juicios en contra de la corrección de la prueba (i.e., sus actuaciones particulares) afecten su condición de pares epistémicos tuyos.

Pensemos ahora en otro ejemplo: Cantor concluye que la cardinalidad de los reales es mayor que la de los naturales. Cantor cree tener una prueba de esto. Su prueba es revisada por muchos renombrados matemáticos de su época, quienes le niegan a la prueba su condición de tal. Ellos no niegan que esa sea una consecuencia que se siga de los supuestos de los que Cantor partió, sino que defienden la importancia de atenerse a los dictados de la intuición, a los que la conclusión de Cantor contraría. Hoy, sin embargo, creemos que Cantor estaba en lo cierto. ¿Estamos dispuestos a afirmar que esos “renombrados matemáticos” eran sus pares epistémicos? Supongamos que de hecho tenían una capacidad similar a la de Cantor, y una eficacia análoga en su evaluación pasada de presuntas pruebas de proposiciones matemáticas, y volvamos a plantearnos la pregunta: ¿son ellos pares epistémicos de Cantor?

Un último caso: dos filósofos políticos igualmente competentes, con publicaciones en buena parte de las mejores revistas del área hablan, cada vez que se encuentran en Congresos, de numerosos temas de su especialidad. Manifiestan, mayormente, un amplio acuerdo. Sin embargo, cuando en el último encuentro surge el tema del aborto, uno de ellos se muestra de acuerdo con su prohibición. Cuando su colega le pregunta por los fundamentos de su posición, el filósofo dice “porque va contra los Mandamientos”. Su colega, ateo confeso y defensor de la legalización del aborto, no encuentra que esta sea una buena razón.

Parece haber una diferencia clara entre el último caso y el primero. Mientras las opiniones de sus colegas matemáticos parecen constituir, intuitivamente, una razón para que vos, al menos, estés menos confiado en haber encontrado una prueba de “La conjetura”, la opinión contraria al aborto del filósofo político no parece que deba ser una buena razón para que su colega rectifique su opinión. ¿Qué varía de uno a otro caso? Una hipótesis: en el ejemplo de los filósofos políticos, el colega descubre que su colega tiene una diferencia radical con él. No en el valor de verdad de la proposición sobre la que desacuerdan (en esto no hay diferencia en ambos casos), sino sobre lo que podría contar como buena razón en aval de una proposición relevante –i.e., de la proposición acerca de la que desacuerdan. (Esta idea fue defendida por Nicolas LoGuercio.) Acaso esto no sea lo esencial –acaso que la disidencia sea acerca de un punto metodológico no sea lo realmente importante. Acaso en ese caso lo sea solo porque se trata de una creencia básica, fundamental, constitutiva de un paradigma o de un programa de investigación de uno de los individuos, pero no del otro. El ejemplo acerca de “La conjetura”, podría decirse, es incompleto: no nos dice cuál sea la razón por la cuál los matemáticos difieren de tu opinión. Así, deja espacio para que la diferencia NO sea acerca de una creencia básica.

Parece haber al menos dos sentidos de “par epistémico”. El primero, débil, hace referencia solo a una similar capacidad con respecto a ciertas proposiciones y, acaso, también a una similitud en la eficacia pasado con respecto al valor de verdad de ciertas proposiciones –o a el grado de su apoyo dado cierto cuerpo de evidencia. (O, al menos, que hayan acordado en las respuestas al respecto dadas en el pasado. La preeminencia de este sentido ‘internista’ de la condición por sobre el sentido ‘externista’ postulado por Kelly, fue defendido por Florencia Rimoldi y Milton Laufer.) El segundo, más fuerte, incluye como notas distintivas de la paridad epistémica el acuerdo alrededor de ciertas proposiciones básicas. (Esta distinción fue establecida por Federico Penelas.) En los tres casos, quienes desacuerdan son pares epistémicos en el primero de los sentidos. Pero, mientras el primer caso deja lugar para que vos y el resto de los matemáticos sean pares epistémicos en el último de los sentidos, el tercer caso ejemplifica una situación en la que dos individuos que son pares epistémicos en sentido ‘débil’, no lo son en sentido ‘fuerte’.

Queda por dilucidar qué decir con respecto al segundo caso, el de Cantor. Si asumimos que los colegas de Cantor son sus pares epistémicos en sentido débil, ¿debemos decir que lo son en sentido fuerte? Creo que no. La diferencia, en este caso, también puede ser descripta como una discrepancia en torno a cierta creencia básica. Solo que en este caso, esa creencia básica es acerca de la importancia metodológica del respeto a las intuiciones, por sobre –por ejemplo- la capacidad de resolución de problemas.

Comentarios (5).
Comentario: 1.

A mí la noción de par epistémico me hace pensar que se cumple el siguiente condicional: si A y B son pares epistémicos, y el ámbito temático (física, política, estética, etc.) se considera objetivo, entonces A y B responden de la misma manera (forman las mismas creencias, atribuyen el mismo grado de probabilidad, etc.) frente a la misma evidencia. Y no es suficiente que contingentemente respondan de la misma manera.

De esto se infiere que si en un ámbito temático que se considera objetivo A y B no responden de la misma manera, entonces no han contemplado la misma evidencia. Como muchas veces esto es de hecho lo que pasa, parece adecuado considerar la posición de mi par epistémico a la hora de formar una creencia o asignarle un grado de probabilidad a una proposición. Es una forma indirecta de contemplar evidencia que pude haber pasado por alto.

Si la noción de par epistémico se independiza del condicional anterior, de modo tal que frente a un desacuerdo entre pares epistémicos A y B, ya no se puede inferir que no han contemplado la misma evidencia (como ocurre de hecho en los ámbitos temáticos que no son objetivos, y como parece ocurrir con la idea misma del DESACUERDO ENTRE PARES EPISTÉMICOS), empieza a dejar de ser sensato considerar la posición de mi par epistémico a la hora de formar una creencia o asignar un grado de probabilidad a una proposición. ¿Por qué razón lo haría?

De aquí no se desprende, cabe aclararlo, que corresponda resolver el desacuerdo simplemente imponiendo mi visión del asunto, o tirando una moneda.


por Martín Ahualli @ 24.VI.2010.
Comentario: 2.

Me parece que tenés razón, que parece haber un fuerte vínculo entre atribuir a otro la condición de par epistémico de uno, y entender que su opinión es un indicador de verdad –es decir, que si aquél de quien digo que es mi par cree que p, entonces tengo una justificación prima facie en creer que p. De todas formas, me parece demasiado exigente el requisito de que el otro haya respondido siempre, y de modo sostenido, de igual manera ante la misma evidencia para considerarlo un par. Acaso baste con que haya respondido mayormente de la misma manera ante un número sustantivo de casos relevantes. (Mi prevención obedece al temor de que, nos ponemos demasiado exigentes, puede ser demasiado difícil que alguien sea par de algún otro –que ninguna atribución de paridad epistémica sea verdadera.)

Por otro lado, bien podría ser el caso que, frente a la misma evidencia, haya más de una respuesta racional. Si esto fuera así, podría no tener problema en reconocer que tu opinión es racional, aunque no verdadera -porque creo que mi opinión, que difiere de la tuya, es la verdadera. Digo: el requisito de unicidad que algunas posiciones en torno al desacuerdo parecen exigir, podría ser falso. Si esto fuera así, entonces sería falso.

¿Por qué considerar la opinión de un par epistémico frente a un desacuerdo ante, aparentemente, la misma evidencia? Porque su opinión es índice de verdad. Si esto es así, y el par opina de modo distinto a como opino yo, entonces tengo una razón para estar menos cierto de la verdad de lo que creo.


por Federico Pailos @ 25.VI.2010.
Comentario: 3.

Comento, a mano alzada, algunas cosas, con mera intención de clarificar el debate.

1) Me parece que el condicional que propone Martín debería ser modificado. Es obvio que hay pares epistémicos que evalúan mal la evidencia, y no diríamos que un error los destituye en su condición de pares. Por lo tanto, el condicional tal cual es expresado es falso. Creo que el mejor modo de corregirlo es modificando el consecuente de la siguiente manera: "A y B están en posición de responder de la misma manera frente a la misma evidencia". 

2) El punto crucial es si no es posible describir la fenomenología del desacuerdo de modo que sea la dinámica misma de la discrepancia la que genera una traslado de cuestiones "objetivas" a cuestiones "no objetivas". Cuando el disenso nos conduce a revisar nuestra evaluación de la evidencia es posible que terminemos concluyendo que la diferencia se funda, por ejemplo, en la discrepancia acerca de los cánones justificatorios. En ese caso, ¿sería sensato que alcanzar ese límite involucre dejar de considerar a aquel con quien discrepo como a quién no es mi par epistémico? Y si fuera sensato, ¿qué consecuencia en la práctica implicaría el dictámen de que aquel con quien he debatido, ahora, finalmente, descubro, que no era mi par epistémico?  


por Federico Penelas @ 26.VI.2010.
Comentario: 4.

Estoy de acuerdo con la modificación del consecuente, pero no entiendo bien el concepto estar en posición.

¿Se está queriendo decir que los individuos A y B tienen las mismas disposiciones? ¿O es otra cosa? La lectura disposicional me gusta. La idea sería que ante un mismo cuerpo de evidencias, si se  interroga a A y a B con respecto a la verdad de una proposición p (que versa sobre ese cuerpo de evidencias), al ser pares epistémicos, estarían en principio siempre de acuerdo. Eso no ocurre en la práctica porque, por cuestiones diversas (argumentos teóricos sofisticados, reflexión adicional sobre el asunto, etc), o bien esas disposiciones no se "actualizan" en uno de los individuos (i.e. en uno de ellos no se forma la creencia en p), o bien  luego de haberse "actualizado", se revocan (i.e. habiéndose formado la creencia en p en ambos individuos, uno encuentra razones extra para abandonarla).

 

 

 


por Lucas Rosenblatt @ 27.VI.2010.
Comentario: 5.

Entiendo que la motivación para modificar de algún modo el condicional que presenté al principio responde a la idea de que un agente A sigue siendo par epistémico de otro agente B aún si a veces se equivoca, e incluso allí cuando se equivoca o juzga mal la evidencia. Estoy de acuerdo en que esto es plausible.

Sin embargo, el obstáculo que yo veo es que si modificamos, siguiendo esta idea, el condicional que caracteriza la noción de par epistémico, entonces el hecho de que dos agentes sean PARES EPISTÉMICOS ya no justifica el principio según el cual cada uno debe modificar su propia evaluación en virtud de la evaluación del otro agente –o dicho de otro modo, ya no es adecuado un principio según el cual un agente debe reconsiderar su propia evaluación en virtud de las evaluaciones de sus PARES EPISTÉMICOS.

Tras la modificación, para justificarlo hace falta, por lo menos, restringirlo a aquellos casos en que los pares epistémicos no han evaluado mal la evidencia.

Alguien que niegue el principio podrá aducir que éste no se cumple o no es adecuado precisamente porque la noción de par epistémico admite respuestas divergentes frente a la misma evidencia, con lo cual un desacuerdo entre pares no permite inferir que no han considerado la misma evidencia, siendo esto último la razón por la cual en primer lugar un tal principio parece plausible.


por Martín Ahualli @ 30.VI.2010.
     
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