| El desacuerdo entre filósofos: conciliacionismo o no conciliacionismo |
El asunto del desacuerdo en filosofía es uno de los problemas metafilosóficos más serios y relevantes. En particular el intento de elucidar las razones mismas de la existencia del desacuerdo, por una parte, y de extraer las consecuencias de la existencia de dicho desacuerdo, por otra, son dos de sus tareas primordiales.
Partamos del factum del desacuerdo entre filósofos. Agruéguese, si se quiere, la no muy cuestionable premisa que para toda tesis filosófica siempre habrá un defensor y alguien que la desafíe (sea que sostenga la posición contraria o no).
La posición conciliacionista ante el desacuerdo en filosofía dice que —ante el desacuerdo de un par— deberíamos disminuir nuestra confianza en nuestras propias creencias filosóficas. Pero, responde el no conciliacionista, no debemos hacer esto ya que no tenemos garantías de que los filósofos utilicen métodos que los lleven mayormente a verdades que a falsedades. En otras palabras, los filósofos no son confiables respecto a las creencias filosóficas. Una muestra de este hecho es que el desacuerdo sobrevive constantemente y que nunca podemos estar seguros siquiera de estar más próximos a la verdad que antes. Por estas razones no debemos ser conciliacionistas: ante el desacuerdo con un par filosófico, debemos mantener el nivel de confianza en nuestras creencias.
Sin embargo, creo que hay algunos supuestos de este razonamiento que son cuanto menos cuestionables. El razonamiento podría reconstruirse del siguiente modo:
(1) Desacordamos sobre creencias filosóficas
(2) El desacuerdo es persistente y nunca sabemos quién está en lo cierto (i.e. cree tesis filosóficas verdaderas) y quién no
(3) Por tanto, no podemos decir que los filósofos utilicen métodos que los lleven más frecuentemente a la verdad que a la falsedad. Si fuera así, acordarían en la verdad, y no persistiría el desacuerdo entre ellos
(4) En consecuencia, los filósofos no son confiables respecto de las cuestiones filosóficas.
(5) Finalmente, no debemos disminuir el grado de confianza en nuestras creencias ante el desacuerdo de un par filosófico.
Creo que (2) es criticable, y con ella todo el argumento lo es. En particular, (2) asume una tesis metafilosófica sumamente sustantiva: que las tesis filosóficas son o bien verdaderas, o bien falsas. Alguien podría negar esta idea sin muchos rodeos: por ejemplo, desde una posición de corte pragmatista, defender que las tesis filosóficas no son verdaderas o falsas, sino más o menos útiles, interesantes o provechosas para la construcción de una sociedad de tales o cuales características (pluralista, democrática, anti-dogmática, etc.). (Habrá que dirimir si un pragmatismo tal debería ser o no ser conciliacionista) La revancha estaría a la vuelta: quien defiende tal posición, ¿no la cree verdadera? Estimo que la respuesta puede ser no. Pero prefiero no avanzar más y dar lugar a la discusión.
Comentarios (5).
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Comentario: 1. Damián, coincido en que el argumento es poco feliz pero para mi el error esta en otra parte. En pocas palabras, cualquiera sea al grado de confiabilidad de las opiniones filosóficas, la valorización que aplicamos a la opinión del par debemos aplicarla a nuestra propia opinión. Esto implica, que si por ejemplo creemos que la opinión ajena no es confiable, la nuestra tampoco lo será. En consecuencia, el argumento no brinda una razón para privilegiar nuestra opinión sobre la de nuestro par. Por otro lado, a mi entender en la literatura existen mejores defensas de la posición no conciliadora. Kelly, por ejmplo, defiende dicha posición analizando el tipo de evidencia en juego en caso de desacuerdo y sugiriendo que la posiciones conciliatoria dejan de lado evidencia fundamental (de primer orden creo que la llama). Si bien es cierto que Kelly habla de desacuerdo en general, también trata el desacuerdo filosófico. (De hecho Kornblith responde sobre este punto en particular).
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Comentario: 2. 1. Observación lateral: Ante un
desacuerdo con un par epistémico sobre una tesis filosófica, el
conciliacionista dice que debemos revisar nuestra creencia; el otro, que
debemos mantenerla. Sin embargo, no creo que en el caso de la filosofía haga falta
estar de un lado o del otro, pues ambas posiciones podrían ser falsas
(yo creo que lo son, de hecho). Podría simplemente no haber leyes
generales sobre el comportamiento racional de un filósofo ante un caso
de desacuerdo (o leyes maś complejas y específicas).
2. En qué consiste la verdad en filosofía es algo muy difícil o
imposible de elucidar; eventualmente la verdad de una teoría consistirá
en la coherencia, el poder explicativo, la simpleza o quién sabe qué.
La verdad puede ser construida, independiente, trascendental, relativa,
etc. Pero no es ridícula o reaccionaria la idea de que la verdad es la
meta de la investigación. Tampoco hay que pensar que la verdad en física o biología o sociología es algo perfectamente claro. Sin duda, no tenemos un medio para verificar
determinadas teorías filosóficas, pero sí podemos en muchos casos
confirmar o refutar con experimentos mentales, argumentaciones
generales, material científico, etc.. (no creo que tenga sentido hacer una lista exhaustiva). La premisa (2) es falsa, no porque en filosofía no hay verdad, sino porque (3) es falsa; es decir, sí hay algunos buenos métodos, como la argumentación, que liman el desacuerdo y demuestran la falsedad de ciertas tesis (por ejemplo, Wittgenstein demuestra que la idea de un lenguaje privado es absurda). Esto pasa mucho más seguido de lo que creemos, y en ese sentido no estamos tan lejos de una disciplina científica blanda. Así, creo que tenemos métodos confiables. Que no son suficientemente buenos como para zanjar todo debate, pero uno puede ser optimista y pensar que eso llegará (digo, innumerables debates en ciencia no están resueltos y eso no convierte a los métodos en poco confiables).
3. (Esto puede dar para largo). El pragmatismo extremo que proponés me parece inconducente. Entiendo
que podemos renunciar a la verdad y buscar otra cosa, pero no creo que sea esa la salida.
Porque sólo un ínfimo número de teorías filosóficas tienen algún efecto
en la sociedad. Por eso la utilidad práctica no es un buen criterio de
corrección para la filosofía., Puede que el criterio funcione para teorías éticas, por qué no; pero no puede funcionar en general. Salvo
que la idea se trivialice y termine siendo algo como "la mejor
teoría filosófica es la que es más comprensible, interesante, buena,
políticamente
correcta y que genera avance científico". En ese caso, estamos donde
habíamos empezado.
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Comentario: 3. El problema, tal como lo encontré en
la literatura, es el siguiente. Hay tres afirmaciones bastante
plausibles pero que juntas parecen generar inconvenientes: 1) La
justificación epistémica tiene alguan relación con la noción de
verdad, en particular, suele creerse que esa conexión es provista
por la idea de confiabilidad. 2) Los filósofos no son confiables 3)
Al menos algunas tesis filosóficas están epistémicamente
justificadas. El problema con negar que las tesis filosóficas sean
verdaderas o falsas es que resulta problemático defender 3). Si las
tesis filosóficas no son ni verdaderas ni falsas en qué sentido
estarían epistémicamente justificadas? Es cierto que podría
considerarse que el límite entre las cuestiones epistémicas y las
pragmáticas no es preciso, pero en cualquier caso debería poder
establecerse alguna diferencia entre ellas. Una forma de trazar el
límite es decir que la meta de la racionalidad epistémica es la
verdad. Es por eso que el wishfull thinking puede resultar una
manera de formar creencias pragmáticamente justificada pero no
epistémicamente justificada. Desde mi perspectiva, la mejor opción
es dar cuenta de la idea de justificación de una manera que no apele
a la idea de confiabilidad (pero no por eso desligarla de la idea de
verdad, porque eso le da lo epistémico a la justificación
epistémica). Por supuesto todavía no sé cómo hacerlo. Diego, es
cierto que podría decirse que los filósofos usan de hecho algunos
métodos confiables, pero lo importante para saber si hay que ser
conciliador o no en un desacuerdo entre pares es si son formadores
confiables de creencias, es decir, si forman mayoritariamente
creencias filosóficas verdaderas. Creo que eso no se da, puede ser
en algunos casos por el método filosófico, en otros por la
naturaleza de la "evidencia", como señaló Lavinia. En
cualquier caso, si mi oponente no forma mayoritariamente creencias
filosóficas verdaderas no veo razones para reducir el nivel de
confianza en mi creencia. tan sólo en virtud de la evidencia
provista por el desacuerdo(esto último también sirve como respuesta
al argumento de Pablo, creo.)
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Comentario: 4. Creo, Nico, que la mejor opción es aceptar que los filósofos forman mayoritariamente creencias verdaderas. El desacuerdo está muy extendido sobre algunos temas puntuales, pero no es global ni masivo. En particular, no parece muy interesante seguir discutiendo sobre los asuntos en los que estamos de acuerdo. (Ejemplo remanido: conocimiento implica verdad.) (Excursus sobre el desacuerdo: el caso interesante es el de desacuerdo más o menos parejo. No importa que UN filósofo piense que conocimiento no implica verdad, para que su opinión merezca ser atendida. Al menos, si se acepta que a mayor consenso -de los individuos relevantes-, mayor evidencia a favor -aunque esta pueda ser marginalmente decreciente.) Así que yo renunciaría a (2). (Lo que, además, parece 'encajar mejor' con la actitud que de hecho tienen la mayoría de los filósofos en la práctica cotidiana.) Por otra parte, si querés que las opiniones filosóficas puedan estar justificadas, pero no porque sean confiables, creo que podrías renunciar a todo vínculo con la verdad, y apelar a la coherencia (a alguna variedad sofisticada de la misma). Con esto perdés su caracter epistémico, pero solo si creés que lo epistémico tiene relación con la verdad. (Etimológicamente, lo epistémico es lo relativo al conocimiento, o algo por el estilo. Si se cree que conocimiento implica verdad, tiene relación con la verdad por la relación que esta tiene con el conocimiento. Pero si se cree que conocimiento implica justificación, también lo que tenga que ver con la justificación será epistémico, aunque no tenga relación con la verdad.) Quizás podrías negar que las proposiciones filósoficas sean auténticas portadoras de valor de verdad. Pero si esto te molesta, entonces podés admitir que la tienen, pero que el valor de verdad de las proposiciones filosóficas es incognoscible (deberías argumentar por qué el caso de la filosofía es radicalmente distinto al de otros ámbitos -aunque podrías decir lo mismo de las proposiciones éticas y estéticas, con lo cuál las filosóficas no quedarían tan solas), aunque no así su justificación. (Que largo quedó este comentario.)
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Comentario: 5. Sólo para echar un poco de leña a la discusión, creo que la idea de que conocimiento implica verdad no es una de esas tesis incontrovertidas sobre las cuales hay acuerdo más o menos unánime. O, si lo hay, me parece que es una cuestión más bien sociológica y que carece de peso teórico.
Hace poco escuché a Cassini sostener que la noción tradicional de conocimiento no parece ser una noción fructífera para abordar la idea de conocimiento científico y que debería reemplazarse por una noción de conocimiento que no sea factiva. La aparente unanimidad de opinión en este caso (y, me atrevería a conjeturar, en muchos otros) parece deberse más a la exclusión (sea para dejarlos fuera de juego, sea para relegarlos a otro campo disciplinar) de quienes sostienen opiniones diferentes. Tal unanimidad me parece más un hecho sociológico que un hecho filosóficamente relevante (en particular, un hecho que apunte a la formación de creencias verdaderas).
Más aún, yo pondría seriamente en duda la pertinencia que pueda tener la unanimidad de intuiciones para creer que eso apunta a creencias verdaderas. ¿Por qué debería ser así? Ya sabemos que es un tema harto complejo, pero todavía no encontré ningún argumento plausible que fundamente la idea de que los filósofos formamos mayormente creencias verdaderas (siquiera sobre cuestiones fundamentales).
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